jueves, 7 de diciembre de 2017

EL CUENTO DE LA CRIADA (MARGARET ATWOOD)

El cuento de la criada
Margaret Atwood



 
FICHA TÉCNICA

Título: El cuento de la criada
Autor: Margret Atwood
Traducción: Elsa Mateo Blanco
Editorial: Salamandra, 2017
Encuadernación: Tapa blanda
Páginas: 412






MARGARET ATWOOD


Dice de ella la editorial:

Margaret Atwood (Otawa, 1939) es una de las escritoras canadienses de mayor renombre internacional. Autora prolífica, ha cultivado diversos géneros literarios y su obra ha sido traducida a más de cuarenta idiomas. Entre sus novelas destacan, además de El cuento de la críada que ahora presentamos con una nueva introducción de la autora, Ojo de gato, Alias Gracie y Oryx y Crake, que fueron finalistas del Premio Booker, un galardón que obtuvo con su décima novela, El asesino ciego.
Ha recibido también el Gobernor General’s Award, el Premio Montale, el Premio Principe de Asturias de las Letras, el Premio Crystal, el Premio Nelly Sachs, el Premio Giller y el National Arts Club Literary Award.
La serie televisiva de El cuento de la criada se ha estrenado en abril de 2017.






ARGUMENTO de EL CUENTO DE LA CRIADA 

«Necesito creer que esto no es más que un cuento que estoy contando. Necesito creerlo. Debo creerlo. Los que pueden creer que estas historias son sólo cuentos tienen mejores posibilidades.Si esto es un cuento que estoy contando, entonces puedo decidir el final. Habrá un final para este cuento, y luego vendrá la vida real. Y yo podré retomarla donde la dejé». (Página 72)

¿Es un cuento o es la realidad que le toca vivir a nuestra protagonista, conocida como Defred? Porque en la República de Gilead, Defred es una criada. No, no se dedica a servir, sino a criar, o mejor sería decir a intentar criar un hijo en sus entrañas, porque a eso es a lo que se dedican algunas mujeres: a ser fertilizadas por su señor para tener hijos con él.

«Tengo treinta y tres años y el cabello castaño. Mido uno setenta descalza. Tengo dificultades para recordar mi antiguo aspecto. Mis ovarios están sanos. Me queda una posibilidad». (Página 206)







EL CUENTO DE LA CRIADA


La televisión no es mala en sí misma. De vez en cuando consigue, en este caso merced a una serie televisiva, que reviva una novela, como es el caso que hoy me ocupa. Su pase televisivo ha hecho que la novela sea reeditada y que además tenga al comienzo una interesantísima introducción a la misma escrita por la propia autora del libro, Margaret Atwood.

El cuento de la criada se trata de una distopía que nos lleva a un mundo diferente en cuanto a lo político, pero que en el resto es muy semejante al nuestro, pues la sociedad no ha avanzado tecnológicamente.
El mundo ya no es el mismo. Los Estados Unidos son ahora la República de Gilead. Una sociedad dominada totalmente por los hombres y con un carácter teocrático. En el fondo como ahora (muy hipócrita) pero llevado más al extremo, justificando aquellas cosas que les interesan con citas bíblicas. Nada pueden hacer las mujeres, ni leer, ni tener dinero, ni un trabajo propio. Solo estar al servicio de sus señores.
Y ¡ay de la que no cumpla!, porque será mandada a las colonias a recoger residuos tóxicos, con lo que sus días de vida están contados y su muerte no será precisamente muy grata.

Bien es verdad que hay cosas que no cambian:
«El conductor lo frota a conciencia con una gamuza. Al menos una cosa no ha cambiado: el modo en que los hombres miman a los coches buenos». (Página 43)


Una sociedad perfectamente marcada y diferenciada en grupos y funciones. Una distinción visible en todo momento gracias a los propios vestidos que ha de llevar cada cual: azul para las esposas, rojo para las criadas
«Los guantes rojos están sobre la cama. Los recojo y me los pongo, dedo a dedo. Salvo la toca que rodea mi cara, todo es tojo, del color de la sangre, que es que nos define. La falda es larga hasta los tobillos y amplia, con un canesú liso que cubre el pecho, y las mangas son anchas. La toca blanca también es de uso obligatorio; su misión es impedir que veamos, así como que nos vean». (Página 31)

Hay muchas interpretaciones o muchas capas en El cuento de la criada, como ocurre en muchas distopías. Aunque la primera de todas es evidentemente el tema de la libertad. No es precisamente una sociedad libre la que nos vamos a encontrar en esta novela:
«Hay más de una forma de ser libres, decía Tía Lydia. Puedes gozar de algunas libertades, pero también puedes liberarte de ciertas cosas. En los tiempos de la anarquía, se os concedían ciertas libertades. Ahora se os concede vivir libres de según que cosas. No lo menospreciéis». (Página 53)

Algo inevitable con esta novela es reflexionar sobre que es la libertad. ¿Es sólo la posibilidad de elección, o va más allá?
«En aquellos tiempos, nosotras parecíamos capaces de elegir. Éramos una sociedad en decadencia, decía Tía Lydia, con demasiadas posibilidades de elección». (Página 53)

Una sociedad que lo primero que hace con las criadas es quitarlas el nombre. Porque los nombres por los que son llamadas no son tales: Dewayne, Dewarren, Defred… Pueden parecer nombres, pero en realidad no son tales: De-Wayne, De-Warren, De-Fred. Son solo una manera más de marcarlas como objetos, como propiedad de alguien.

Una sociedad en tránsito porque aún quedan restos de la memoria anterior. Otra cosa será cuando ya nadie pueda recordar algo que no ha conocido y que nadie podrá contarle
«Sois una generación de transición, decía Tía Lydia. Es lo más duro. Sabemos cuántos sacrificios tendréis que hacer. Resulta difícil cuando los hombres os injurian. Será más sencillo para las que vengan después de vosotras. Ellas aceptarán sus obligaciones de buena gana.Pero no decía: porque no habrán conocido otro modo de vida.Decía: Porque no querrán las cosas que no puedan tener». (Página 171)

Pero también podemos ver El cuento de la criada como una historia de supervivencia. Que no otra cosa es lo que intentan muchas de las mujeres de esta historia.
«La humanidad es muy adaptable, decía mi madre. Es sorprendente la cantidad de cosas a las que llega a acostumbrarse la gente si existe alguna clase de compensación». (Página 364)

Puede por momentos resultarnos odioso lo que leemos, ese papel que se le hace jugar a la mujer convertido en puro objeto, en el que luchan por una miaja de poder o de supervivencia. En el que las propias mujeres por medio de las “tías” son las encargadas de reeducar y de lavar el cerebro al resto de mujeres. Claro, que nada hay nuevo. Todo el sistema de reeducación, lo ha hecho y aplicado la humanidad en uno u otro momento de su historia.







IMPRESIÓN PERSONAL

Me gustan las distopías y, desde luego, El cuento de la criada es una historia muy especial. Lo es por la misma manera en que está contada, en el que nos irá poco a poco introduciendo en un mundo diferente que no explica, simplemente lo vamos viendo.
De hecho, los por qués, o parte de ellos, de cómo se ha llegado hasta allí los conoceremos en una especie de epílogo a la novela, en el que se nos hablará de un manuscrito conocido con ese nombre: El cuento de la criada. Gracias a él sabremos no sólo como se llegó a esa situación, sino que sabremos una parte de lo que les sucedió a los protagonistas de la historia.

Una novela muy interesante, aunque algunas veces el ritmo no es todo lo ágil que tal vez podría ser y que, tras terminar la lectura, te deja con ganas de más, de completar esa historia. Algo que muy bien podría hacerse con la serie televisiva (estoy en los primeros capítulos de la misma, así que no puedo juzgar si es eso lo que hace).



Lectura facilitada por la Biblioteca Municipal de Móstoles.





VALORACIÓN: 8/10


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2 comentarios:

  1. Yo leí la novela y vi la serie prácticamente a un tiempo y para mí ha sido la experiencia lectora y televisiva del año... La serie, para mi gusto, le hace justicia a la novela de Atwood.
    Besos.

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  2. Margaret Atwood es una de mis autoras imprescindibles y me gusta "El cuento de la criada", pero reconozco que no es una de mis novelas preferidas de la autora. Me alegro mucho de que se le haya dado visibilidad con la serie televisiva porque creo que es una distopía magnífica y que se merece salir de la zona gris de la indiferencia. Pero, así entre nosotros, a mí me gusta más la Margaret Atwood de "Penélope y las doce criadas", con ese puntito de humor tan genial. Besos.

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