El
pasado viernes 7 de Marzo y gracias a la invitación de Editorial
Planeta, pude asistir a la presentación en Madrid de El
corazón de la selva, la última novela de Elvira
Menéndez. Llevo un comienzo de año muy pródigo en
presentaciones, incluyendo alguna a la que aunque me gustaría
asistir aún no he conseguido desdoblarme en dos para poder hacerlo.
Es
toda una experiencia la presentación de un libro, porque te permite
acercarte mucho más al autor, conocerlo en persona como fue el caso
de mi admirada Isabel Allende,
contactar en vivo y en directo con alguien con quien te has tratado a
través de la red como Antonia
Corrales, Mayte Esteban,
o como es el caso en la presente ocasión con Elvira
Menéndez autores que no conoces previamente ni de los que
has leído nada.
Puedo
aseguraros que no se lee una novela igual si previamente su autor te
la ha presentado, te ha contado el por qué la escribió, con qué
puntos disfrutó más a la hora de escribirlo, cómo lo hizo, que
pretendía al hacerlo. Un buen narrador, un buen contador de
historias,en el fondo, salvo que su timidez sea extrema, es también
un gran vendedor y en estas presentaciones te “venderá” su
novela. No sé a vosotros, pero a mí, más que “comprar” las
cosas, me gusta que me las “vendan”.
La
presentación tuvo lugar en Vallecas, en la Librería
Muga, muy próxima a la Asamblea de Madrid, rodeada la
autora por un amplio grupo de familiares y amigos, junto con algún
desconocido como es mi caso pero que tenía mucho interés en saber
qué nos contaba la autora de esta novela histórica.
El
origen de esta novela estuvo en la sobremesa de una comida con Raquel
Gisbert, la editora de Planeta
(presente como no en esta presentación) en el que le solicitó una
segunda parte de El corazón del
océano, el libro que ha sido llevado recientemente a la
pantalla por Antena 3. En
una semana con la colaboración de su hija Sara preparó el
argumento, pero la escritura fue un proceso mucho más lento, porque
la búsqueda de la información para la novela fue mucho más lenta.
Porque
si en algo insistió la autora fue en que
“todo
es verdad, nada es mentira”. El argumento
evidentemente es inventado, pero no lo demás, la descripción de la
selva, de los poblados, de sus pobladores, de sus costumbres,sus
comidas, del tiempo que hacía. Y todo eso requiere montones de
libros y libros para documentarse, además de la inapreciable ayuda
de Internet para acceder a determinados documentos o información.
El
corazón de la selva como comentaba antes es la
continuación de El corazón del
océano y mi duda era hasta que punto podían leerse
independientemente. Elvira nos comentó que pueden leerse
independientemente pues la acción transcurre treinta años después
de la primera, tomando un par de personajes de la primera para
emprender una acción totalmente diferente.
Porque
en la primera parte el punto de partida era un hecho real, con
personajes reales: el vieja de un grupo de mujeres al Nuevo Mundo.
Eso en cierto modo condicionaba el planteamiento del libro, algo que
no ocurre en esa segunda parte que es un viaje a través de América,
una buena excusa para mostrarnos la realidad de un continente hace
siglos.
Una
realidad que ya se mostraba en el primer libro supuso un choque para
las mujeres que allí fueron. Un choque cultural tremendo entre unas
mujeres que en España nada pintaban con la realidad que se vivía en
América, donde las mujeres incluso tenían negocios. Y de su
libertad en todo tipo de materias, incluida la sexual, nada tenía
con la que ellas vivían en España.
Fue
este choque de culturas el que propició un intercambio que sin duda
fue una revolución no sólo para América, sino para el mundo
occidental. No podemos olvidar que algunos de los productos de la
famosa dieta mediterránea como los tomates o tan populares y que han
sido parte de la alimentación de toda Europa como la patata tienen
su origen al otro lado del charco.
Nos
manifestó Elvira Menéndez no sólo su preocupación por la
documentación, sino algo tan importante para un lector como el ritmo
narrativo. Por eso nos contó que ella escribe muchas más páginas
de las que finalmente son publicadas. Nos puso el ejemplo de un
capítulo precioso que había escrito narrando una partida de cartas
de aquella época que finalmente no verá la luz porque, a pesar de
lo bien que le había quedado, solo servía para frenar el ritmo de
la narración sin aportar nada a la evolución de la misma.
Preocupación
por el ritmo y por el lenguaje. Nada más fácil que meter la pata
con palabras que son puro anacronismo. Pero por otra parte, el lector
no puede estar con un diccionario en la mano todo el reto si el autor
emplea palabras de la época que no son de uso actual, porque eso
igualmente afecta al ritmo narrativo, De ahí su búsqueda de
palabras de aquella época que también sean de uso actual, como por
ejemplo la palabra “catre” por cama.
Una
presentación interesantísima que avivó mi interés por leer las
dos novelas, eso sí, comenzando a pesar de que Elvira Menéndez
afirmara que podían leerse de modo independiente, por la primera de
ellas.
En
principio El corazón de la selva tiene lo que busco en este tipo de
novelas históricas: una buena historia ambientada con todo rigor en
una época muy interesante y con un gran ritmo narrativo.



