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martes, 3 de abril de 2018

EL COLOR DE LAS MAREAS (MIKEL ALVIRA)


El color de las mareas
Mikel Alvira



 
FICHA TÉCNICA

Título: El color de las mareas
Autor: Mikel Alvira
Editorial: Txertoa, 2018
Encuadernación: Yapa blanda
Páginas: 516






domingo, 25 de octubre de 2015

ENTREVISTA A MIKEL ALVIRA

Mikel Alvira es el autor de La novela de Rebeca. Una novela en el que la escritura tiene un papel muy importante y en la que se nos narra parte de la vida de Simón Lugar, un escritor inmerso en la redacción de una novela.
No pude dejar de plantearme mientras leía la novela, cuánto del propio autor había en este personaje, por lo que le escribí pidiéndole si podía contestarme a una entrevista. Amablemente accedió a mi petición y estas son las respuestas a la misma.
Como Mikel dice en una de las respuestas, todos tenemos un poco de esquizofrenia y bilocación a la hora de escribir. Buena prueba es esta entrevista en la que podréis contrastar las respuestas del autor con las respuestas del propio protagonista de la novela (que podéis ver en color azul), tomadas del propio texto de la misma. ¿Hasta que punto coinciden o divergen? Eso tendréis que comprobarlo vosotros mismos leyendo la entrevista.






"No sé no escribir" dice tu protagonista. Una frase que vemos también en tu biografía. ¿Cuando empezó ese "no saber vivir sin escribir"?
He escrito desde niño, desde pequeño. Si echo la vista atrás, siempre me veo escribiendo; no solo escribiendo, pero siempre escribiendo. A mis cuentos y poemas de adolescencia siguieron mis primeras novelas de juventud, inéditas e impublicables. Después, la militancia decidida en este jardín de las letras.
"No sé no escribir", había dicho en cierta ocasión a una periodista. (Página 86)



¿Escribir es transcender?
Sí, pero no en el sentido de alcanzar la eternidad. No creo en ese mito que nos intenta convencer que los libros son eternos o que nuestros nombres, por el hecho de estar impresos, alcanzarán la eternidad.
Trascender es cultivar esa parte no tangible que nos confiere indentidad, llámese alma, intuición o intranerso. Me da igual el nombre. Lo que no me da igual es que existe, y escribir me ayuda a que exista con más fundamento. Cuando escribo, me edifico.

¿Escribir es transcender?   (Página 126)


¿Busca la gloria actual o el reconocimiento en la posteridad aunque este sea imposible de aprehender en vida? 
No busco la gloria. Me gusta gustar, pero soy consciente de que no se puede gustar a todo el mundo ni todo lo que uno hace pueda gustar siempre.  ¡La gloria es tan abstracta!

¿Busca la gloria actual o el reconocimiento en la posteridad aunque este sea imposible de aprehender en vida? (Página 126)


¿Es necesaria cierta desubicación psicológica para poder meterse en la piel de los personajes tan dispares?
Desubicación… o bilocación. Hay un puntito de esquizofrenia en todo esto, pero, entre tú y yo, sabes que el oficio también tiene mucho que ver en esto de meterse en la piel del personaje. Disfruto transitando otras vidas, otras situaciones, otras derrotas que no son las mías. Sin disfrute, esto no tendría sentido.

¿Es necesaria cierta desubicación psicológica para poder meterse en la piel de los personajes tan dispares? (Página 126)


¿Cree que se puede escribir sin amar?
¿Se puede vivir sin amar? Yo, no. Vivir es amar, porque vivir sin pasión es solo sobrevivir. Y escribir es mi actitud para vivir, no puedo escribir sin amar.
¿Cree que se puede escribir sin amar? (Página 126)


¿Es la escritura un acto de fuga? ¿De qué realidad querrías huir tú?
Siempre huyo de mí mismo. De mis miedos, de mis ficciones, de mis dudas. Escribir me ayuda a reorientarme. Aunque, puestos a confesar, quizás deba confesar que no es huir sino explorar. Creo que lo que me genera pasión no es escapar sino encontrar.


-¿Vos también escribís para fugarte? -preguntó la niña.
-¿Para fugarme? -respondió Simón.
-Yo escribo para fugarme de mi vida. ¿Y vos? (Página 160)


¿Escribes para ti o lo haces pensando en tus lectores?
Foto "cedida" por Mayte Esteban
La gente que lee hace posible esto. Me debo a quien lee. Escribo lo que quiero cuando quiero y sin hipotecas ni imposiciones. Soy absolutamente libre y no he tenido que plegarme nunca a tiranías editoriales. Al respecto, siempre he tenido suerte con mis editoras o sellos editoriales, igual que actualmente con mi agente, Antonia Kerrigan (tan en las antípodas de lo que es Úrsula en mi novela).
Libre, sí, pero con un compromiso para con quien me lee. Se merecen mi respeto y que dé lo mejor de mí, mi mejor versión. Mikel Alvira es Mikel Alvira gracias a quien lee a Mikel Alvira.


-Escribo para mí, pero me debo a los míos. Es una auténtica putada, un fastidio.
-Un fastidio. Ja, ja, ja.
-No te rías. Escribir es un acto perverso. (Página 73)


¿Te consideras novelista o prefieres verte como un poeta?¿Qué es lo que te gustaría escribir?
No hay que elegir. Mi vida está marcada por la poesía, pero en tanta medida como por mi prosa. Creo que, leyendo a contraluz, se verá que mis novelas son las de un poeta; si no, no se entenderían muchos matices.
Nunca me planteo qué me gustaría escribir porque lo que me apetece escribir, lo escribo. De hecho, escribo mucho, muchísimo más, que lo que publico. Lo que sí me planteo es cómo escribir, de ahí que cada nuevo proyecto responsa a nuevas preguntas, a nuevos retos.


-Creo que soy más poeta que novelista. Bueno, a decir verdad, no sé lo que soy. Escribo una cosa y me gustaría escribir la otra. No sé lo que quiero.
-Entonces vos ya es medio argentino.
-¡Ja, ja, ja! ¡Que graciosa eres! ¿Por qué lo dices?
-Porque no sabe lo que quiere. (Página 121)


¿Es la escritura tu forma de amar? ¿De amar a quién? 
Ya he dicho que no puedo vivir sin amar ni vivir sin escribir. 


Se había convencido de que escribir era su forma de amar. (Página 182)

Amar y escribir son dos actos parejos. En ambos se entregan porciones íntimas del ser y en ambos la generosidad va de la mano del sufrimiento. No puede escribirse sin melancolía, como no puede amarse sin la angustia de la obsolescencia. (Página 182)



¿Piensas en tus novelas como una manera de sobrevivir al tiempo?

No busco la eternidad, busco el tener un presente satisfactorio, honesto.

Superviviencia, no dejaba de pensar en la supervivencia. En la suya, en la de los suyos, en la de Rebeca, en la de sus novelas. ¿Quién perdudaría más? ¿Su propio nombre o el de sus personajes? ¿De qué eran más conscientes sus lectoras? ¿De la autoría o de la historia? ¿Era escribir un atajo para sobrevivir? (Página 45)


¿Cómo escribes una novela? ¿Cómo la planificas?
Hay un poco de oficio y un poco de intuición. La suma de esos dos pocos hacen un mucho. Siempre sé hacia dónde quiero ir y aunque no planifico hasta la histeria (¡qué poco nos parecemos Simón Lugar y yo!), sí me gusta saber el rumbo de la novela. Cuando veo que el rumbo se tuerce, no me duele borrar o eliminar. Hay novelas de las que he eliminado sin compasión párrafos y párrafos.


Comencé a redactar párrafos, capítulos, diálogos que luego ensamblaría. Nunca tecleo mis novelas en el orden que luego el lector encontrará, sino a golpe de impulso, a borbotones. (Página 246)


¿Es la escritura de una novela un continuo proceso de toma de decisiones?
La vida misma lo es. A cada paso, hay que decidir. Por más que lo reflexiono, y reflexiono mucho sobre ello, no sé qué me hace decidir una u otra cosa. Al escribir, sucede lo mismo. Será la musa, que está muy implicada.

Escribir es decidir a cada paso, Es desplegar constantemente el mapa de la novela. La historia es secundaria, Lo que cuenta es como hacemos esa historia. (Página 82)


¿Son importantes las redes sociales a la hora de "vender" una novela? 
Lo importante es la gente, quien lee. Las redes son un canal más, como tantos otros. No me planteo las redes como algo imprescindible en mi vida personal, pero es innegable que las oportunidades que nos ofrecen son excepcionales. Además, ayudan a crear puentes que de otra manera sería impensable.

¿Realmente crees que venderías menos sin un perfil de Facebook? (Página 134)


¿Dónde nacen tus personajes?
¿Y a dónde va cuando mueren? ¿Y si no nacen y son solo el reflejo de lo que podíamos haber sido?
Nacen en la cabeza, en el pecho, en las tripas. O puede que no nazcan, que ya estuvieran ahí y lo que hace el escritor es solamente darles visibilidad.


Un escritor mantiene a sus personajes en el pecho, que es el lugar donde viven después de haber nacido en la cabeza, a la espera de que los dedos sigan construyendo sus vidas en el papel.
¿O quizás nacen ahí mismo, en el pecho? (Página 136)


¿Va unida la melancolía al proceso de escribir?
No en mi caso. Soy vitalista, optimista y huyo de las tristuras. No creo que haya que ser melancólico para ser íntimo. Lo íntimo, cuando es auténtico, nos lleva a la alegría y no a la pesadumbre.

La melancolía va unida al ejercicio de escribir, tal vez porque escribir es vaciarse, derribarse por dentro. (Página 84)


¿Piensas mucho tus historias antes de escribirlas o lo haces mientras las escribes?
Me marco la hoja de ruta, incluso los plazos, los perfiles de los personajes y tengo claro el tono que quiero lograr. A partir de ahí, y como en todo proceso creativo, hay un camino de obstáculos que vamos sorteando y que en el minuto cero no sabemos cómo va a ser. Es fascinante. Vivo muy intensamente el proceso creativo.


Escribir es un proceso mucho más complejo que el de teclear. Si consistiera exclusivamente en teclear, cualquier escritor medianamente organizado y con algo de disciplina haría una novela de alrededor de trescientas páginas en un plazo de tiempo entre diez y quince días. Sin embargo nadie lo concibe así.
Borrar, corregir, releer, documentarse, pensar... todo eso también es escribir. Sobre todo, pensar. Pensar en la historia que se quiere contar, pero, al unísono, pensar como se quiere contar. (Página 81)


¿Un escritor es Dios a la hora de escribir?
O el diablo, si es que existen. Prefiero pensar que soy autor, un término que me parece mucho más hermoso que el de dios.



Un escritor juega a ser Dios cuando diseña un personaje. Le otorga el don de la vida, que por el hecho de ser literaria no deja de ser menos vida. (Página 117)


¿Con qué escribes tu?
Con las dosis ajustadas de cabeza, corazón y tripa. Cuando se sobrepasa la dosis, el resultado se resiente.


Puede escribirse con la cabeza, con las manos y con las tripas. Con la cabeza escriben los fanáticos de la norma y los novatos que siguen un manual.
(...)
Con las manos escriben los autores de las series cuya principal gloria es la de estar en los escaparates cada nueve meses.
(...)
Las tripas son la metamorfosis del escritor. (Página 209)


Muchas gracias por tu novela y por el tiempo que me has dedicado con esta entrevista.






martes, 13 de octubre de 2015

LA NOVELA DE REBECA (MIKEL ALVIRA)

La novela de Rebeca
Mikel Alvira




FICHA TÉCNICA

Título: La novela de Rebeca
Autor: Mikel Alvira
Editorial: Ediciones B, 2015
Encuadernación: Tapa blanda
Páginas: 270
PVP: 17,00 €







MIKEL ALVIRA

De él nos dice la editorial en la solapa interior:

Mikel Alvira, inquieto creador multidisciplinar, alterna la producción literaria con las manifestaciones plásticas y la redacción de guiones.
Ha publicado varios ensayos, poemarios y novelas, entre ellas el best seller El silencio de las hayas.

Soy escritor y todo cuanto hago tiene que ver con lo que escribo. Si tuviera que resumir mi perfil, diría que no sé no escribir.”






Una mujer en la playa


ARGUMENTO

Simón Lugar es un escritor en la cumbre de la fama, aclamado por un público que convierte todas sus novelas en un éxito de ventas. Presionado por su editora y por la responsabilidad de no defraudar a sus lectores, se enfrenta a la redacción de una nueva novela en la que cambiará de género, pues se enfrasca en una novela negra.
Lo hace desde su casa en la playa, una playa situada en la costa vasca y que en invierno está desierta. Una playa por la que pasea sólo mientras piensa en su novela hasta que un día encuentra a una enigmática mujer, M, que cambiará su vida.






LA NOVELA DE REBECA

La novela de Rebeca es ante todo una novela muy compleja, con mucha metaliteratura encima, no tanto por los libros que se mencionan en la misma, sino porque por una lado es una novela dentro de otra novela y por otro, es una revisión a cómo se construye una novela, a qué siente un escritor cuando la hace, cuando la termina.
Y ahora me enfrento yo a la ardua tarea de intentar explicar en qué consiste esta novela. Y para ello, voy a intentar ensamblar en rompecabezas de fragmentos y notas que he ido tomando durante su lectura, algo semejante a lo que nos dice Simón Lugar de su manera de escribir:
Comencé a redactar párrafos, capítulos, diálogos que luego ensamblaría. Nunca tecleo mis novelas en el orden que luego el lector encontrará, sino a golpe de impulso, a borbotones. (Página 246)

La novela de Rebeca es en primer lugar la historia de un escritor: Simón Lugar. Un maniático del orden, un hombre un tanto asocial que en invierno vive en una playa desierta de la que huye en verano cuando llegan los veraneantes hacia un lugar de la Provenza donde vive con la única presencia de los dueños de la finca donde se hospeda y cuya bebida favorita es la tónica sin ginebra. (Página 171)
Él, que se mostraba al mundo como un dechado de rectitudes morales, que era ordenado hasta la obsesión, que apenas rompía sus rutinas salvo condescendencias tras las cuales se sumía en torbellinos de culpabilidad, que respetaba sus horas de sueño y no descuidaba la alimentación, que se mantenía al margen de los caprichos porque envenenaban el espíritu... (Página 49)

Un ser que en cierta manera también parece asexual, pues a lo largo de la novela no le conocemos ni en presente ni en pasado ningún episodio en el que haya tenido relaciones sexuales de ningún tipo, ni con Luz ni con M, esa misteriosa mujer que conoce en la playa:
Quería a Rebeca... y a Luz. Las quería Las amaba, a su manera, a la manera del poeta. (Página 26)

Pero que ante todo es, y se siente escritor:
No sé no escribir”, había dicho en cierta ocasión a una periodista. (Página 86)


Junto a Simón Lugar, un nombre, casi una obsesión: Rebeca. ¿Quién es Rebeca? No voy a desvelarlo, porque no quiero desvelar nada y tardaremos unas cuantas páginas en descubrirlo, pero está claro que es un personaje que ha marcado profundamente al escritor, hasta el punto de darle su nombre a la protagonista de la novela que está escribiendo, pero que al mismo tiempo se ha convertido en una obsesión:
Rebeca le tenía obsesionado. ¿Cómo había llegado a aquel punto? ¿En qué instante maldito se empezaron a torcer las cosas? ¿Acaso él no estaba por encima de las flaquezas del espíritu? (Página 25)

Rebeca, el nombre de una prenda de vestir que se puso de moda tras la película del mismo nombre de Alfred Hichcock, basada en una novela escrita por la inglesa Daphne du Maurier en 1938, o la mujer de Isaac en la Biblia.

Un nombre que puede ser culpable del bloqueo que está sufriendo y que le está llevando a incumplir los plazos de entrega de su novela:
La culpa era de ella, de Rebeca. ¿Por qué había escogido aquel nombre? ¿Es que no había cientos, miles, millones de nombres? ¿No sabía él de antemano que elegir el nombre de Rebeca le acabaría pasando factura? (Página 35)


Lo que hace diferente a La novela de Rebeca es su peculiar estructura, esa manera de superponer historias, de jugar con el presente y el pasado. Un complejo puzle en el que se van superponiendo la historia de Simón Lugar, tanto en el presente como en un pasado que va nombrando los capítulos (antes de conocer a M, antes de conocer a Luz, tantos meses después de conocer a Luz, etc), fragmentos de la novela negra que tiene como protagonista a Rebeca.
Sumadle a eso fragmentos supuestamente escritos por ese personaje de ficción en una revista de moda:
Súper Rebeca, licenciada en arquitectura aunque nunca arquitecta. Guapa oficial aunque nunca emparejada. Alma máter de una revista aunque nunca jefa. Diseñadora aunque nunca contratada para diseñar. (Página 70)

Y añadidle la inclusión de dos personajes, dos hermanas que están a punto de ser enviadas a prisión.

Dos novelas en una, porque aún con muchas elipses, se nos muestra también la novela negra que está escribiendo Simón lugar:
Se trata de una novela negra. Una historia truculenta con asesinatos en serie, ambientada en Uribe Kosta. Una joven arquitecta, empeñada en escribir una novela, va matando a una serie de personas... Venganza, justicia... (Página 172)


Pero ante todo, prevalecen las sensaciones y sentimientos de un escritor. La novela está llena de párrafos que nos hablan de lo que Simón piensa de sí mismo, del mundo literario y de su noble oficio de escribir. He aquí algunos ejemplos:
Hay algo que un escritor no puede evitar: la vanidad del momento de estampar su rúbrica en la primer página de una novela. (Página 63)

-Escribo para mí, pero me debo a los míos. Es una auténtica putada, un fastidio.
-Un fastidio. Ja, ja, ja.
-No te rías. Escribir es un acto perverso. (Página 73)

Escribir es un proceso mucho más complejo que el de teclear. Si consistiera exclusivamente en teclear, cualquier escritor medianamente organizado y con algo de disciplina haría una novela de alrededor de trescientas páginas en un plazo de tiempo entre diez y quince días. Sin embargo nadie lo concibe así.
Borrar, corregir, releer, documentarse, pensar... todo eso también es escribir. Sobre todo, pensar. Pensar en la historia que se quiere contar, pero, al unísono, pensar como se quiere contar. (Página 81)

Escribir es decidir a cada paso, Es desplegar constantemente el mapa de la novela. La historia es secundaria, Lo que cuenta es como hacemos esa historia. (Página 82)

Un escritor juega a ser Dios cuando diseña un personaje. Le otorga el don de la vida, que por el hecho de ser literaria no deja de ser menos vida (Página 117)

Hay personas que le preguntan a un novelista si sus personajes son reales. ¡Estúpidos! Son personajes, nunca reales. Lo que deberían preguntarse es si son veraces. (Página 117)

Superviviencia, no dejaba de pensar en la supervivencia. En la suya, en la de los suyos, en la de Rebeca, en la de sus novelas. ¿Quién perdudaría más? ¿Su propio nombre o el de sus personajes? ¿De qué eran más conscientes sus lectoras? ¿De la autoría o de la historia? ¿Era escribir un atajo para sobrevivir? (Página 45)






IMPRESIÓN PERSONAL

Es un gran riesgo plantear una novela tan compleja, porque al menos en mi caso, anduve las primeras páginas muy despistado, sin saber a qué atenerme, sin tener claro por dónde iban los tiros, con la duda de si al final todo encajaría en su sitio, un tanto perdido con tanto salto atrás y adelante.
Dicho de otra manera, a pesar de un lenguaje y unas descripciones que me hicieron ponerme rápidamente en la piel del protagonista, las primeras páginas requirieron mucha atención para centrarme en la novela. Bien es verdad que dicho esfuerzo inicial merece la pena, porque pasadas las mismas, el enganche con la novela es total, tanto por el interés en conocer ese pasado del escritor, la historia de esa misteriosa Rebeca que tardaremos unas cuantas páginas en saber quién es, como por saber el desenlace con la no menos misteriosa M, el personaje que Simón conoce en la playa y que pasa a formar parte de su día a día.
No opino igual de bien de la novela negra que paralelamente nos va contando el autor. Poco éxito le auguro a esa hipotética novela si se publicase, porque me parece demasiado previsible. El hecho de que solo se publiquen pequeñas partes de la misma para que nos enteremos de la trama, tampoco contribuye a profundizar en los personajes.

Sí me parece muy interesante la visión de un escritor sobre un escritor que, en muchos momentos, no puedo quitarme de la cabeza la idea de que es un autorretrato del propio Mikel Alvira. Una reflexiones sobre el trabajo de la escritura, sobre la manera de articular una novela, sobre el “trabajo” de escribir.

No hay duda de que una novela, aunque pueda recordársela por un principio, por una primera frase genial, lo que realmente la marca es el final de la misma. Y en ese sentido, el final de La novela de Rebeca es de los que no se olvida. Porque si bien comentaba antes que el final de la novela negra incluida en la propia novela es previsible, no puede decirse lo mismo del final de la novela en sí. Un final que no solo me sorprendió, sino que me pareció muy bueno.
Y por supuesto, un final en el que todas las piezas dispersas a lo largo de la narración, encuentran su sitio y su lugar en ese complejo rompecabezas que es La novela de Rebeca.




Gracias a Ediciones B que me ha facilitado un ejemplar de La novela de Rebeca para su lectura y reseña.





VALORACIÓN: 8/10



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