El pasado miércoles 8 de marzo, tuvo lugar
en Mamá framboise un encuentro bloguero con Luz Gabás. Uno de los más
divertidos a los que he asistido últimamente, porque es un auténtico placer
charlar un rato con Luz Gabás, con la que hablamos de casi todo.
Además del placer de coincidir con gente
con la que, a base de encontrarnos en eventos de este tipo, hemos hecho una
buena amistad, léase Bea y Concha (De lector a lector), Manuela (Entre mis
libros y yo), mi hija Teresa (Leyendo en el bus), María (Paseando a Miss
Cultura), Sany ((Libros que voy leyendo), Pepa (Que locura de libros), volví a encontrarme con gente que hacía
tiempo que no veía como Concha Yuste, Yolanda (Que el sueño me alcance leyendo)
o María (Un montón de cosas que contar). Y por supuesto Isa Santos, de Planeta, con la que siempre es un palcer hablar.
Quizás la palabra que en sus múltiples
variantes más se repitió esa tarde fue la de “romántica”. Para empezar, Luz Gabás nos dijo que cuando se puso a escribir esta novela,
quería hacerlo sobre las montañas y que fuera muy romántica. Dos temas
relacionados, porque durante la época romántica se pusieron de moda ir a la
montaña y los balnearios.
Hoy día por romántico se entiende solo
sentimientos, pero es mucho más que eso. Es razón y pasión, muerte y vida.
Temas que pueden aparecer en cualquier tiempo y novela. Además lo centró en una
pleno romanticismo, en una época de nuestra historia de la que reconoce que no
sabía mucho.
Nos comentaba que hoy día la situación
política de nuestro ‘aís es muy romántica, como lo es la política en su novela,
porque hay un exceso de pasión en la política, lo cual no es bueno. Al igual
que hay un exceso de política en la cultura, porque la cultura no puede ser
políticamente correcta.
Romanticismo es amor y de amor habla su
novela. Una de las frases que sale en la novela es la de El amor incluye el
perdón. Es una frase que hoy en día es muy debatible. La oyó un día en misa y
se la apuntó.
Imposible no hablar de los personajes.
Uno de los más queridos por todos los asistentes es el de Aurore, que es el
reflejo de muchas mujeres viajeras como ella que se dieron en aquella época.
Por cierto, nos dijo que tiene dos tías que se llaman así.
Un personaje con el que dice sentirse
identificada, por más que no tiene nada que ver con ella.
Si sus personajes femeninos son fuertes,
algo que nos dice le comentan en muchas entrevistas, es porque son así las
mujeres que ella ha conocido.
En cuanto a Attua, el protagonista
masculino, no quería un héroe que soportara todo. Su drama es que llega un
momento en que todo le da igual.
El nombre del personaje lo tenía
guardado desde la primera feria del libro en la que estuvo en Extremadura, en
que firmó un libro a una persona que se llamaba así. Desde entonces tenía ese
nombre apuntado para utilizarlo.
Un año y medio fue el tiempo que estuvo
escribiendo Como fuego en el hielo. Le costó mucho más que Regreso a tu piel,
tal vez porque aquella era una historia que tenía más clara. Además esta es muy
coral y tenía que tener mucho cuidado en cuadrar los horarios de los diferentes
personajes, buscar frases que les cuadraran…
De eso y muchas más cosas estuvimos
hablando, como de la versión cinematográfica de Palmeras en la nieve y su
protagonista Mario Casas, o de novela negra, de la que nos dijo que era una
entusiasta de las novelas de Jo Nesbo.
Y si no seguimos hablando no fue por falta de ganas, sino porque nos echaron del local porque tenían que cerrar.
Luz
Gabás Ariño nació en 1968 en Monzón (Huesca). Los mejores
momentos de su niñez y adolescencia transcurrieron entre el pueblo
de su familia paterna (Cerler, en el valle de Benasque) y el de su
familia materna (Serrate, en el valle de Lierp). Después de vivir un
año en San Luis Obispo (California) estudió en Zaragoza, donde se
licenció en Filología inglesa y obtuvo más tarde la plaza de
profesora titular de escuela universitaria.
Durante
años ha compaginado su docencia universitaria con la traducción, la
publicación de artículos, la investigación en literatura y
lingüística y la participación en proyectos culturales, teatrales
y de cine independiente.
Desde
2007 vive en el precioso pueblo de Anciles, junto a villa de
Benasque, donde se dedica entre otras cosas a escribir.
Su
primera novela, Palmeras en la nieve, fue uno de los éxitos
editoriales de 2012.
ARGUMENTO
Brianda
tiene todo lo que en principio parece desear: un buen trabajo,
reconocimiento profesional, un compañero que la quiere y con el que
convive en armonía. Pero todo su mundo está a punto de venirse
abajo cuando una crisis de ansiedad que ella no sabe a qué atribuir,
arruina lo que hasta ahora era su mundo seguro.
Algo
más de cuatrocientos años antes, en 1585, Brianda de Lubisch, la
heredera del señor más importante del condado de Orrun, también ve
desmoronarse su idílica vida de paz cuando es atacada por unos
rebeldes. Un mundo de disputas, rencillas y traiciones se abre camino
en su vida. Pero también le traerá el amor, un amor destinado a ser
inmortal.
REGRESO
A TU PIEL
La
novela tiene un punto de partida real. La realidad muchas veces puede
superar a la ficción y en el año 1980 aparecieron escondidos en la
torre de la iglesia de una pequeña localidad oscense unos documentos
del antiguo concejo. Entre toda la documentación, cientos de
paginas, dos de ellas resultaron ser la relación de veinticuatro
mujeres ahorcadas por brujas en el año 1592. Unas páginas que
podemos ver en la contraportada interior del libro.
Ese
es el suceso que va a relatarnos Luz Gabás en Regreso
a tu piel. Una historia ficticia pero que muy bien pudiera
ser real y en la que viene a desmontar el mito de que la culpable de
todos los ajusticiamientos por brujas fueron cosa de la Inquisición.
Porque aquí poco tuvo que ver la Iglesia. Fue el propio concejo, el
ayuntamiento del pueblo, el que se encargó de juzgar, torturar y
finalmente ahorcar a sus propios ciudadanos, o mejor dicho, a sus
ciudadanas.
«Vigilad
a vuestras mujeres, hechas por la naturaleza con un temperamento
melancólico, débiles, blandas y enfermas, inferiores a vosotros en
fortaleza física y moral (…) Las mujeres son más frágiles que
los hombres ante las tentaciones y, por tanto, más inclinadas a
dejarse engañar por el demonio y a tener frecuentemente las
sugestiones demoníacas por divinas.»
(Página 422)
Brujas.
Un tema en principio muy atrayente para muchos, con una fuerte carga
de esoterismo, con un ocmponente muy alto de morbo. Ese mismo morbo
que hace que en Regreso a tu piel, el pueblo piense en montar un
parque temático sobre brujas aprovechando la aparición de los
documentos que hablan del ahorcamiento de veinticuatro brujas en su
población.
En
realidad poco encontraréis de brujas en la novela, a pesar de que
Neli, una de las habitantes del pueblo le reconozca a Brianda que
ella es una wicca, una moderna bruja. Aunque en realidad más que
brujería en una antigua religión pagana, muy pegada a las fuerzas
de la tierra y la naturaleza.
Más
que de brujería, de lo que se trata es de dominar al pueblo, de un
ejercicio de poder. Basta que las cosas vayan mal, para que no haya
mejor manera de salvar la cara para los responsables que echar la
culpa a un mal exterior. Las brujas en aquella época. Los judíos
para los alemanes en los años 30. El comunismo para nuestros
salvadores patrios durante y después de la guerra civil.
El
resto lo hace el propio pueblo. Unos por miedo. Otros por venganza.
Las acusaciones, las delaciones, los rumores, que si me miró mal,
que si me insultó, que si la envidia... ¿Antiguo? Ni mucho menos,
que en España no hay que remontarse cien años para que esto mismo
haya tenido lugar, aunque la soga o la hoguera se sustituyeran por la
cuneta o la tapia del cementerio.
Siendo
todo esto muy interesante, no deja de ser en Regreso a tu piel más
que un pretexto, el marco en el que se inscribe lo que es ante todo
una historia de amor inmortal, capaz
de traspasar las barreras del tiempo:
«Pensaría
las palabras precisas y las pronunciaría con la absoluta convicción
de que, traspasando los límites de la razón, del entendimiento, de
lo cognoscible y de lo perceptible, hurgaría en mentes ajenas,
inquietaría
corazones, se apoderaría de cuerpos sanos y los abandonaría
descompuestos en un eterno retorno, en una incesante repetición,
hasta dar por fin con aquel a quien le anunciaría: -Regreso a tu
piel.»
(Página 360)
Al
igual que en Palmeras en la nieve,
la historia se nos narra en dos planos
temporales, el actual y el de finales del siglo XVI. Pero
ahí terminan las coincidencias entre ambas novelas. No sólo porque
la temática es totalmente diferente, sino porque el acople entre los
distintos periodos está totalmente conseguido. Están tan bien
engarzados que no hay una demora en el ritmo de la novela con dichos
saltos, sino que incluso se potencia la intriga.
Una
intriga que va creciendo página tras página convirtiendo
Regreso a tu piel en una novela totalmente adictiva. Las doscientas
últimas páginas son de las que hacen que el libro se quede pegado a
tus manos y no puedas dejar de leer hasta acabar Regreso
a tu piel.
Hay
otra diferencia con respecto a Palmeras en la nieve, pues sin en
ella, narradora actual al margen, los personajes importantes eran los
dos hermanos, en Regreso a tu piel,
pese a lo que en principio pudiera suponerse al tratarse de una
historia de amor,los
personajes masculinos tienen un papel más secundario. Ni
siquiera Corso, el amor de Brianda se libra. Es como si Brianda y las
mujeres eclipsaran todo lo demás y los protagonistas masculinos
fueran unos comparsas, imprescindibles eso sí, para que la narración
salga adelante.
Aún
con eso, para que una historia como la de Regreso a tu piel que en
algunos momentos roza la fantasía pueda seguir adelante y ser
creíble por el lector, necesita unos personajes tan bien dibujados
que hagan al lector partícipe de la historia. Y no hay duda de que
Luz
Gabás lo
consigue.
IMPRESIÓN
PERSONAL
Mucho
esperaba del libro, no sólo por las expectativas que tenía tras
la lectura en
su día de Palmeras
en la nieve, sino
por el encuentro que mantuve
con la autora.
Probablemente
la segunda obra de un autor, ya sea un disco o un libro, es la más
difícil. Es el momento de confirmar si la primera fue flor de un
día, o era el comienzo de una gran trayectoria. Luz
Gabás con
Regreso
a tu piel, no
solo no me ha defraudado con su nueva novela, sino que ha
superado las expectativas que tenía
en su nueva novela
A
pesar de que para mí era más atractiva la historia colonial de
Palmeras
en la nieve,
sobre todo por lo que de novedosa tenía, Regreso
a tu piel me ha
parecido una novela mucho más conseguida, en la que ha superado
algunos pequeños desajustes que tenía en la primera. Una novela
como ella mismo define adictiva,
que no solo te atrapa desde las primeras páginas, sino que va
creciendo en intensidad página tras página,
con unas últimas doscientas páginas totalmente trepidantes. Y eso
aún con el hándicap de que parte del final de la historia la sabes
desde el principio de la novela.
Una
novela muy recomendable para todos aquellos que deseéis disfrutar de
una lectura que os llegará al corazón.
Gracias
a Editorial Planeta que me ha facilitado un ejemplar para su
lectura y reseña.
VALORACIÓN:
9/10
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Llevo
una racha tremenda de presentaciones literarias. Una compensación al
hecho de tener un blog con la que de antemano yo no contaba. Aunque
no puede hablarse de una presentación propiamente dicha sino como
reza el título de un encuentro
bloguero, pues Luz Gabás se reunió con una decena de
personas para hablar sin tapujos de su nueva novela Regreso
a tu piel y de lo que se terciase, que la literatura
entre gente que la disfrutamos da para mucha charleta.
La
ciudad invisible, una cafetería muy próxima a la Plasa de la Ópera en Madrid, fue el lugar
de encuentro a las siete y media del martes 25 de marzo. En los bajos
de la misma, en un saloncito muy apañado, en torno a unas mesas que
enseguida se encargaron de llenar de comida, tuvo lugar el encuentro
con Luz Gabás, una autora a la que personalmente no conocía y de la
que había leído Palmeras en la
nieve, una novela de la que inevitablemente se habló
durante el encuentro, entre otras cosas porque cada vez esta más
próximo su paso a la gran pantalla (comenzará el rodaje en junio
del 2014) con Mario Casas como protagonista principal.
Luz
Gabás no intervendrá en el guión de la misma, que corre a cargo
del premiado Sergio G. Sánchez (autor entre otros del guión de Lo
imposible)
Luz
Gabás nos trae con Regreso a tu piel
una novela totalmente diferente en cuanto a temática a Palmeras
en la nieve, pues deja África para centrarse en España,
en poblaciones de Huesca.
Es
Regreso a tu piel una
novela que surge a partir del hallazgo en 1980 de un documento con el
listado de veinticuatro mujeres ahorcadas por brujas en 1592.
Lo
sorprendente, es que no fue la Inquisición la responsable de dicho
ahorcamiento, sino el propio Concejo. Y es que, nos decía Luz Gabás,
en contra de lo que pudiera pensarse, fueron los Ayuntamientos en un
90% de los casos los responsables de las ejecuciones de brujas y no
la inquisición como probablemente todos pensemos.
Nos
dice Luz Gabás que su novela es una crítica de los distintos
cliches de lo que entendemos por brujería. Y hablar de brujería es
hablar del papel de la mujer. Porque a mujer, como ser inferior era
la víctima propiciatoria del diablo.
Al
igual que en Palmeras en la nieve, Regreso a tu piel está narrado en
dos planos temporales diferentes. La idea es poder hacer una
reflexión de sucesos acaecidos a finales del siglo XVI, desde la
perspectiva del siglo XXI, tratando de entender los contextos socio
políticos que llevan a una comunidad al convencimiento de que está
bien ejecutar a unas mujeres por brujas.
Para
ello toma en la actualidad a una mujer de treinta años que, a pesar
de tenerlo todo, no se encuentra bien.
Contexto
histórico aparte, Luz Gabás nos destacaba que para ella Regreso a
tu piel es ante todo una potente
historia de amor. Una historia muy decimonónica en la que
pasan muchas cosas.
A
diferencia de Palmeras en la nieve,
en la que el titulo lo tenía presente desde antes de comenzar a
escribir, el título de Regreso a tu
piel surgió a mitad de la novela, en una frase que
podremos leer en ella.
Una
mujer con los pies muy bien plantados en la tierra esta Luz Gabás,
que vive en un pueblo de las montañas lejos de la civilización,
aunque hoy día gracias a los nuevas infraestructuras de
comunicación, la distancia ya no se pueda medir en horas y horas
como antes.
Una
realidad que se le hace patente en sus dos gemelos de nueve años y
todo el trabajo que dan, de ahí que tras la escritura de Regreso
a tu piel necesite un descanso, pues por muy idílico que
pueda parecer escribir en una casa en un lugar remoto, no lo es tanto
si tienes que llevar la casa adelante y bregar con dos chiquillos.
Claro
que como nos dice, el éxito no es igual a los veinticinco años, que
cuando tienes la vida ya complicada. Además, afronta esta nueva
novela sin vértigo, pues temía muy claro de antemano lo que nos
quería contar.
Surgió
el tema de los escritores que comienzan una novela sin tener claro
dónde van a llegar, esos que dicen que los personajes tienen vida
propia y son los que llevan la novela en una u otra dirección. No es
esa la opinión o la manera de escribir de Luz Gabas, que desde el
primer momento tiene muy claro cuál es el final de la novela y de
sus protagonistas. Otra cosa es que por el camino los personajes se
vayan enriqueciendo o los vaya matizando, pero hay muy poca, por no
decir ninguna improvisación sobre el esquema que tiene preparado
antes de comenzar a escribir.
Viendo
y sintiendo la gran humanidad de Luz
Gabás, tras disfrutar de la historia de amor de Palmeras
en la nieve, y asegurándonos ella que es una adictiva y
potente historia de amor, espero con impaciencia el momento para
empezar la lectura de Regreso a tu
piel.
«No puedo decirte ni cómo ni cuando, pero llegará un día en que esta pequeña isla se apoderará de ti y desearás no abandonarla... No conozco a nadie que se haya marchado sin derramar lágrimas de desconsuelo.» (Página 686)
Algo
semejante te ocurrirá con este libro, puede que te cueste animarte para
empezar la travesía de sus más de setecientas páginas, pero una vez que
lleves unas pocas páginas de la travesía, poco a poco, sin que te des
cuenta, te verás atrapado por esta historia y aunque quieras llegar al
final, no desearás abandonarla. Y también estoy por afirmar, con poco riesgo de equivocarme que no llegarás al final, que no te habrás marchado de este libro sin derramar unas lágrimas.
¿Y luego qué? Como se planteaba nuestra compañera Laky
tras leer seguidos dos libros de cinco estrellas. Porque es difícil
leer nada después de este libro, que te deja en algunos momentos tan
exhausto emocionalmente que parece que es imposible leer nada después de
él, o por lo menos nada que consiga llenarte y estar a la altura. Por
eso la siguiente lectura que he cogido es de un registro totalmente
diferente, evitando posibles comparaciones.
¿Qué tiene esta historia para impactarme tanto? De entrada tiene una portada
realmente atractiva, de esas que antes de haber oído una palabra del
libro, me “obligó” a cogerlo entre mis manos. Con él entre mis manos leí
la contraportada, que para variar no destripa el libro pero consigue aumentar aún más tu interés por él:
«Un
excelente relato que recupera nuestras raíces coloniales y una
extraordinaria y conmovedora historia de amor prohibido con resonancias
de “Memoria de África.»
El siguiente paso fue leer la primera página. El arranque es espectacular:
«Esta noche os amaréis con desesperación porque sabéis que va a ser la última noche que pasaréis juntos. Nunca más volveréis a veros.
Nunca.
No será posible.
Os acariciaréis y os besaréis tan intensamente como solo lo pueden hacer dos personas angustiadas, intentando impregnarse mediante el sabor y el tacto de la esencia del otro.»
Tenía
pues a priori dos cosas que me atraían: una historia de amor, y un
relato histórico sobre una etapa de España que ha sido silenciada de tal
manera que parece que España nunca estuvo en África. Parece mentira que
esa historia abarque desde los años 1953 hasta un poco más allá de
1970, como quien dice hace dos días y parezca que nunca pasó.
LUZ GABÁS
Luz Gabás
La autora de este libro es Luz Gabás,
que antes de la lectura de este libro no me sonaba de nada. Normal,
pues es la primera novela publicada por esta autora, nacida en Monzón
(Huesca) en 1968. Es importante su lugar de origen, así como haber
vivido durante su infancia y haber vuelto ahora al valle de Benasque.
Porque una de las partes importantes de esta novela es el origen de los
emigrantes, su pertenencia a un pequeño pueblo que, aunque inventado en
la novela (Pasolobino) está íntimamente ligado con estos
Ese
amor por las altas montañas nevadas, por un clima hostil buena parte
del año, por un aislamiento que ha sido su marca durante muchísimos años
hasta que las estaciones de esquí vinieron a dar vida a estas zonas,
está presente en la novela.pueblos del valle de Huesca en los que ha vivido la autora.
ARGUMENTO
«Cambiaron verdes pastos por palmeras.» (Página 27)
Playa de Santa Isabel
Esta
es la historia de unos hombres jóvenes y emprendedores que estuvieron
dispuestos a cambiar el frío y la nieve de sus montañas, por el calor de
los trópicos, en busca de unos sueldos para mantener la familia y
hacerla prosperar, imposibles de conseguir en España. ¿Dónde? En las
plantaciones de cacao regentadas por españoles en la isla de Fernando
Poo, frente al golfo de Guinea. Es la historia de Kilian y su hermano
mayor Jacobo que va a vivir no solo una gran aventura, sino a conocer un
amor que cambiará su vida por completo.
Cincuenta años después,
Clarence, la hija de Jacobo descubrirá unos viejos papeles y cartas de
sus padres que parecen indicar que en aquellas tierras quedó oculto un
secreto de sus vidas
«Tal vez no fuese buena idea remover el pasado. Igual había cosas que era mejor no descubrir. Todas las familias guardaban secretos y no pasaba nada. La vida seguía….» (Página 388)
Pese
a sus prevenciones iniciales decide emprender viaje a Bioki para a
partir de algunas pistas, descubrir qué historia ocultan su padre y su
tío. Un viaje que cambiará su vida y la de su familia. Y es que los
espíritus de la zona a veces siguen retorcidos caminos para llevar las
historias hasta el final.
LA PENÚLTIMA COLONIA ESPAÑOLA
Hablo
del penúltimo colonialismo español, porque aún quedaba el Sahara
español, aquel que cuando Franco daba sus últimos estertores terminamos
perdiendo cuando Marruecos propició y organizó la marcha verde que
terminó con la pérdida definitiva de estos territorios, puro desierto
pero muy ricos en fosfatos.
Como veis no hablo de Ceuta ni de
Melilla, porque aunque para Marruecos sean territorio marroquí, no dejan
de ser enclaves históricos españoles. Y considerar las Canarias como
marroquíes es un puro dislate, que los únicos marroquíes que allí pueda
haber han llegado en patera.
Fernando Poo, Santa Isabel. Son nombres
que nada dicen a los españoles de hoy día. Sus nombres están en el
olvido sustituidos por los de Bioki y Malabo. Tampoco es que dijeran
mucho para el resto de los españoles de aquella época.
Fernando Poo,
una isla descubierta en el año 1471 por el navegante portugués Fernao do
Poo, que de ahí proviene el nombre en español de esta isla. En 1778 la
isla fue cedida por Portugal a España que en el año 1958 comenzó su
descolonización que terminó el 12 de Octubre de 1968 con la
independencia de lo que sería Guinea Ecuatorial.
A partir de ahí el
horror, primero con Macías, que en principio era la apuesta de España
para mantener su presencia e influencia en la zona y posteriormente por
Teodoro Obiang que depuso a su predecesor. Todo ello ante los errores y
las meteduras de pata de la diplomacia española.
El libro nos muestra
estos años finales de la presencia española en la isla, antes del
comienzo de la descolonización y durante los primeros años de la
dictadura tras la salida de todos los españoles de la isla.
Mapa de la isla de Fernando Poo
Por más
que lo intente la autora, su visión no es imparcial. Difícilmente puede
serlo cuando está mostrándonos el punto de vista de gente que quedó
enamorada de aquella tierra, de aquellas gentes, de aquella vida. Es por
tanto una visión desde el lado español, desde aquellos que fueron a
"colonizar" la isla.
No es la visión de una gente rica, sino de
esforzados trabajadores que llegaron solamente con unas ganas inmensas
de trabajar y que dejaron su vida, en algunos casos literalmente por
sacar provecho a aquellas tierras. Un beneficio que en muchos casos se
consiguió, todo hay que decirlo, gracias al trabajo y al sudor ajeno de
obreros negros, tanto de la población bubi de la isla, como de
nigerianos que iban allí para ganarse la vida en unas condiciones de
trabajo muy duras, mucho más duras que las de los blancos.
Unas
condiciones que en muchos casos podríamos calificar de explotación pura y
dura, aunque la autora nos muestra el lado más amable de aquella
explotación, de gente como nuestros protagonistas que terminan amando su
trabajo, el trabajo bien hecho, aquel que permite sacar el máximo
rendimiento al cacao, pues de eso se trataba, de conseguir el cacao de
los árboles de la isla.
Es inevitable ese choque de mentalidades en
un lugar tan sumamente rico (y no me refiero al petróleo que había en el
subsuelo), sino a una naturaleza tan generosa, que permitía vivir con
muy poco, pues el sustento lo proporcionaba con sus frutos de un modo
sencillo.
Pero tanta generosidad de la naturaleza, tenía como
contrapartida la permanente lucha para dominar los árboles del cacao,
para quitar los vástagos que crecen y crecen sin parar quitándole su
fuerza, de la vegetación que amenaza con engullirlo todo, con un clima
extremo en su calor y en sus lluvias.
No es de extrañar el cansancio
de un pueblo que no podía por menos que sentirse explotado, por más que
el "progreso y la civilización" les hubiese llevado importantes mejoras
como la electricidad o unas buenas carreteras.
Árboles de cacao
No deja de ser
interesante la comparación y el paralelismo que la autora hace entre
estas tierras africanas y lo que sucedió en sus valles, a los que el
progreso llegó en forma de buenas carreteras y mejoras de todo tipo
gracias a las estaciones de esquí, a costa eso sí, de vender por cuatro
duros unas tierras "improductivas" que no podían más que darles más que
quebraderos de cabeza, pero de la que muy buen partido en forma de
revalorizaciones sacaban sus compradores al convertirlas en estaciones
de esquí.
Está claro, la colonización y explotación no es una cuestión geográfica, sino de cultura y poder.
IMPRESIÓN PERSONAL
¿Palmeras en la nieve? Un buen título, con un contraste capaz de llamar la atención y exaltar junto con la portada del libro la imaginación:
«¿Ves esas palmeras? Los hombres de mi familia replantaron alguna de ellas. Eso me enorgullece y reconforta. Mi padre y mi tío envejecen y se doblan, pero las palmeras siguen aquí, bien rectas hacia el cielo. A tí te parecerá una tontería, pero para mí significan mucho. Un día todos desaparecerán y no habrá quien les cuente a las siguientes generaciones historias de palmeras en la nieve.» (Página 388)
En
la práctica, es mucho más que el título, es una historia que nos
traslada a un pasado no tan remoto y sin embargo oculto. Desde ese punto
de vista, podríamos incluir Palmeras en la nieve dentro del
género de novela histórica, porque aunque los personajes “reales” que
aparezcan en la misma sean pocos, si que nos cuenta un periodo de
nuestra historia.
Catedral de Santa Isabel
Pero sobre todas las cosas, como muy bien queda claro en ese arrebatador capítulo inicial, Palmeras en la nievees una historia de amor.
Y no abundan precisamente las buenas historias de amor. De hecho tengo
que remontarme unos cuantos meses atrás para encontrar una que me haya
impactado tanto y se trataría de El error azul de Javier Lorenzo.
Dice
Joaquín Sabina que una buena canción de amor ha de ser triste. Y a las
buenas historias de amor les ocurre lo mismo. Tal vez porque si todo
sale maravillosamente bien desde el principio, la historia nos parezca
un cuento de hadas, o porque las grandes pasiones han de ir acompañadas
de grandes sufrimientos que las purifiquen y depuren, o simplemente
porque los grandes amores para ser considerados como tales han de ser
probados.
Y la historia de amor de Palmeras en la nieve tiene
todo ese fuego y pasión del trópico, de un amor que supera todas las
barreras de las convenciones sociales, que rompe las barreras étnicas,
las barreras del color (que si ahora siguen teniendo importancia,
imaginaos hace sesenta años), las barreras incluso del matrimonio, las
barreras del tiempo, las barreras de la distancia. Una historia que
sentimos tan real, que no podemos menos que terminar sintiendo un nudo en la garganta.
Es
una historia que se divide en dos narraciones, la del pasado y la de la
investigación del presente hasta confluir en su desenlace. Es cierto
que al principio me parecía un tanto desconcertante este salto en el
tiempo, que me parecía que mejor quedarnos definitivamente en el pasado,
pero al final he de reconocer que cada una de las historias termina
teniendo la misma importancia, que amas historias van creciendo en
fuerza narrativa.
Y pese a que en algunos momentos la autora nos esté
anticipando en el presente hechos que aún no hemos visto en el pasado,
eso no quita ni un ápice de fuerza dramática a la intriga, tal vez
porque hábilmente nos van apareciendo sorpresas que en ningún momento
podíamos esperar, que los hechos no fueron tal cual podíamos imaginarlos
.
Resumiendo:
Palmeras en la nieve es uno de esos libros que disfrutarán todos aquellos que os emocionéis con las buenas historias de amor. Pero es mucho más que eso. También es una oportunidad para conocer una parte de nuestro pasado reciente, una que el gobierno en su momento se ocupó de que no saliera a la luz pública.
Todo ello envuelto en una gran prosa, con una tensión narrativa que va de menos a más y con unos personajes tan bien trazados que son difíciles de olvidar.
A pesar de la pereza que pueda suponer inicialmente sus más de setecientas páginas, no te arrepentirás de leer este libro.
Lectura facilitada por la Biblioteca Municipal de Móstoles
VALORACIÓN: 9/10
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PELÍCULA VERSUS LIBRO
Siempre se dice
que es mucho mejor el libro que la película, aunque hay algunas excepciones
reseñables. Porque el problema a la hora de convertir un libro, sobre todo si
es de setecientas páginas como es el caso de Palmeras en la nieve, es cómo
resumirlo en poco más de noventa minutos (algo más de ciento sesenta en el caso
que nos ocupa), conservando el espíritu del libro, como mostrarnos la personalidad
de los protagonistas a través de sus actos, sus palabras y sus
interpretaciones.
Hay casos en los
que la película se limita a poner imágenes al texto sin más, sobre todo cuando
dispone de escenarios espectaculares o llamativos. Y algo de eso hay en
Palmeras en la nieve, donde uno de sus puntos fuertes es la espectacularidad de
los paisajes que nos muestra.
A la hora de
resumir el libro, director y guionistas han optado por recortar en la historia
que transcurre en la actualidad, dándole mucha más fuerza a lo que ocurrió en
el pasado.
Gran acierto,
porque quizás el punto débil del libro era el desequilibrio entre la historia
del pasado y del presente, porque entre otras cosas, cada vez que volvíamos al
presente se rompía el ritmo y la magia del pasado.
Eso no ocurre en
la película, donde esas transiciones pasado/presente están mucho mejor
conseguidas, donde casi se pasa de puntillas por la intriga que suponía saber
los lazos familiares que unen a la protagonista con su pasado africano.
La pena es que a
la hora de recortar, se pierda lo que si era uno de los puntos fuertes de la
novela: dar a conocer el pasado colonial español. Un pasado que nuestros libros
de historia parecen haber silenciado,
como si nunca hubiésemos estado en Guinea.
Una lástima,
porque apenas se dan unas pinceladas en la película. Pinceladas que por otra
parte no sirven para saber algo más sobre lo que allí pasó, pues simplemente se
ve su marcha sin que se pueda atisbar el tremendo drama que supuso para los que
allí habían nacido, crecido y desarrollado su vida personal y profesional,
abandonados por una España que para nada los ayudó.
.
LA PELÍCULA
Espectacular.
Esa es la palabra que mejor define esta película. Aunque la realidad es que no
está rodada en los escenarios originales (salvo los paisajes nevados de Huesca)
sino que se hayan recreado en Colombia. No importa, sobrecogen con su belleza
esas selvas y esas playas.
Una
espectacularidad que se ve subrayada por una preciosa banda sonora (a cargo de
Lucas Vidal). ¿Es eso suficiente? Probablemente no, porque, pese a lo que
muchas jovencitas puedan opinar, parte con el lastre de su protagonista Mario
Casas.
Tras haber leído
el libro, bien puedo imaginarme al resto de los protagonistas de la historia en
las caras de los actores que les han puesto, excepto en el caso de Mario Casas.
Porque si no
desentona al principio con esa cara de despistado insulso que va poniendo,
ideal para alguien que se ve trasladado de un pueblo pequeño y aislado de
Huesca a un lugar totalmente diferente y exuberante como la selva guineana,
seguir con esa cara de pánfilo cuando se le supone un hombre experto y curtido
no cuela. Por lo menos no a mí, porque le quita verosimilitud a lo que ocurre.
La
espectacularidad no debería estar reñida con el ritmo, que es la otra pega de
la película, que en algunos momentos se frena en demasía, especialmente por las
escenas eróticas en las que tal vez intentan con imágenes de desnudos,
mostrarnos la sensualidad de unos personajes que sus actores no han sabido
transmitir de otra manera. Y aquí vuelvo a lo mismo, Mario Casas no da la
talla, no me transmite la pasión de un hombre enamorado contra corriente y con
la fuerza necesaria para llevar su amor adelante contra viento y marea.
Por otra parte,
si bien es cierto que Mario Casas es protagonista absoluto, no puede decirse lo
mismo de Ariadna Ugarte, algo que podría deducirse por el cartel de la película.
Es la que encarna a la protagonista de la actualidad, la que va a buscar sus
raíces a África. La realidad es que su posición en el cartel es un reclamo
publicitario por ser de los rostros más conocidos del reparto (al margen de Luis
Varela, pero su papel es tan pequeño que ni siquiera aparece en el cartel)
IMPRESIÓN
PERSONAL
Acudí a ver
Palmeras en la nieve, después de mucho tiempo sin ir al cine, con unas
expectativas muy altas. Quizás por eso salí un tanto defraudado. Sé que es una
película de la que algunos hablan maravillas pero otros tantos salen chafados,
quizás por ese ritmo un tanto lento en algunas ocasiones.
No obstante es
una película que si recomiendo. No es frecuente ver cine español que parece
estar hecho por norteamericanos, tan lograda es su producción. Pero siendo eso
importante, también eché de menos un poco más de pasión en la historia, más
enjundia, más profundización en los personajes. Quizás eso sea producto de ir
con la novela leída.
Si eres de
lágrima fácil, llévate un paquete de clínex, que seguro que alguna lagrimita se
te termina escapando.