Llega el Apocalipsis final
Autor: Philip K.Dick
Título: La invasión divina
Editorial: Minotauro
Encuadernación: Tapa blanda
Páginas: 256
PVP: 17,00 €
PHILIP K. DICK
No puedo pasar por alto la ocasión de escribir
siquiera unas pocas palabras sobre el autor, un personaje cuya vida daría para
escribir una gran novela o hacer una película, aunque no tengo muy claro el
género, pues en su vida realidad y fantasía están separados por una delgadísima
línea, no siempre achacable a las drogas.
Philip K. Dick fue un gran escritor, que se empeñó en
escribir aquello con lo que disfrutaba: la ciencia-ficción, pese a que tenía
muy claro que aquello nunca le daría prestigio ni dinero como escritor. Sabía
cuál era el concepto de la ciencia-ficción para sus compatriotas:
Leer ciencia-ficción es algo para adolescentes, sólo para chicos de
instituto y para gente perturbada en general.
Ni siquiera tuvo ocasión de ver como su fama se
disparó, pues murió antes de disfrutar del éxito de Blade runner, la
adaptación cinematográfica de Sueñan los androides...
No ha sido el único texto suyo cuya adaptación al cine
ha sido un éxito de taquilla. Es muy probable que no hayais leído nada de este
autor, pero es casi imposible que no hayais visto alguna de las películas
basada en sus relatos:
-Desafío total, con Arnold Schwazenager (basado en We
can remember it for you wholesale)
-Minority report, con Tom Cruise.
-Paycheck, con Ben Affleck
-Next, con Nicolas Cage (basado en El hombre dorado)
-Blade runner basada en Sueñan los androides con ovejas mecánicas.
Más que autor de novelas, Philip K Dick, es en
realidad autor de relatos, largos sí, pero relatos a fin de cuentas. De hecho Sueñan
los androides... es una excepción, aunque tampoco sea una novela de muchas
páginas.
ARGUMENTO
Herb es un colono humano que regresa a la tierra para
traer consigo a la misma a Rybs, una colona gravemente enferma y embarazada.
Embarazada pese a ser virgen, del nuevo Mesías.
Sin embargo un accidente hace que Rybs muera, Herb sea crionizado y Enmanuel el
niño, nazca con daños cerebrales que le hacen olvidar cuál es el destino para
el que ha nacido: luchar contra el mal que quiere apoderarse de la existencia.
Zina, una misteriosa niña le ayudará mediante la
dialéctica a recuperar su memoria, bajo la protección de Elías, un personaje
con el que se inició todo el viaje.
LA NOVELA
Es innegable que Philip K. Dick fue capaz de lograr
dotar a sus novelas de un estilo muy personal, una atmósfera en muchos momentos
opresiva, paranoica, delirante, onírica. Unos mundos dotados de una gran
originalidad. De ahí que cuando se estrenó la película Origen (aquella
futurista con Di Caprio como protagonista) se hablase de ella como si estuviese
basada en una de las novelas de Philip K. Dick. No lo estaba, pero ese mundo si
estaba presente.
¿Recordáis aquello del sueño dentro del sueño, a su vez dentro
de otro sueño? Pues no he podido menos que acordarme de dicho tema leyendo esta
novela, en la que su protagonista en muchos momentos no sabe si lo que está
viviendo es la realidad o es simplemente un sueño, si todavía sigue crionizado
en espera de un órgano que suplante los que fueron dañados en el accidente que
le ha llevado al estado en el que se encuentra en la actualidad. Presente y
pasado se confunden en medio de esos sueños, de esas pesadillas. Fantasía y
realidad se entrelazan haciendo difícil para el protagonista separar la una de
la otra.
Una novela que va mucho más allá de una fantasía galáctica. Un argumento delirante que solo una pluma experta como la de Phillip K
Dick es capaz de sacar adelante sin que tiremos el libro a la basura a mitad de
su lectura.
¿El profeta Elias reencarnado a lo largo de la historia en numerosos personajes
conocidos? Asher como el nuevo José casándose con una mujer a la que ni
siquiera ama y aceptando una paternidad solamente por defender a una criatura
que ni siquiera ha nacido,Rybs como una nueva María embarazada pese a ser
virgen? ¿La Biblia citada una y otra vez? ¿La hoz y el martillo conviviendo en
el dominio mundial junto a la cruz cristiana? Solo son algunos de los delirios
que podréis encontrar a lo largo de esta novela.
¿Ciencia-fición? Sí. Pero solo es el envoltorio que oculta la esencia propia de
la vida humana: la lucha del bien contra
el mal, la lucha de Yah contra Belial, de la luz contra las tinieblas.
No lucho por conseguir un buen universo, ni tan siquiera uno que se justo o
bonito; lo que está en juego es la mismísima existencia del universo. Ka
victoria final deBelial no significa que la raza humana continúe prisionera y
sumida en la esclavitud: significa la no existencia.
«Sin mi no hay nada, ni tan
siquiera Belial, a quien yo creé.» (Página 147)
Es una reflexión sobre la existencia de Dios:
«¿Sabes que es Dios, Herb Asher? Dioses
el que causa la existencia. Diciéndolo de otra forma, si buscas la esencia del
ser que está bajo todas las cosas, puedes estar seguro que hallarás a Dios.»
(Página 144)
¿Filosófico? ¿Teológico? De todo un poco. Ya os decía
que va más allá de la ciencia-ficción.
Y hablando de ciencia-ficción, no puedo
evitar cuando leo un libro de 1981 el fijarme cuánto hay de acertado o
equivocado en el mundo futuro que nos presenta. Así nos podemos encontrar
que es un libro que aún está muy lejos de la tecnología digital que hoy todo lo
impregna, pues la música, la información, todo se guarda o almacena en cintas.
Ni siquiera en Cds que ya es una tecnología que también es obsoleta al pesar
del poco tiempo que tiene de vida.
Lejos estaba también el autor de imaginar que las máquinas de escribir tenían
los días contados, que quedarían relegadas a piezas de museo, por más que su
máquina se asemeje a los teclados actuales:
«Había terminado de escribir. Apretó la
tecla de imprimir y la máquina, dotada de memoria electrónica, imprimió
instantáneamente su carta y la dejó caer en la bandeja de salida.» (página
185)
Aunque nos hable de “cintas”, también es cierto que se
anticipa a lo que hoy día es todo un éxito, imprescindible para cualquier
músico que se precie: los videoclips, por más que él los llama videodiscos:
«Después haré videodiscos, pero primero
empezaré con las cintas.» (Página 192)
IMPRESIÓN PERSONAL
Es un libro que está muy lejos de ser lo que yo
esperaba. Al que me resulta muy difícil darle una calificación. Porque hay
partes del mismo que son impresionantes y otras en las que puede resultar un
tanto pesado. O tal vez es que haga pensar demasiado, que me choque encontrar
un libro aparentemente de pura fantasía, en el que se nos plantea la existencia
y los fundamentos de Dios.
Eso significa que si no eres aficionado a la
ciencia-ficción, si te encuentras en ese grupo que despreciaba este género como
una literatura menor, evidentemente no debes perder tu tiempo con su lectura,
porque no te gustará.
Pero si eres aficionado exclusivamente a una ciencia-ficción de aventuras, a
eso que llaman space-operas (que no dejan de ser novelas del Oeste ambientadas
en el espacio) probablemente tampoco te guste, pues es una novela más profunda
y con más lecturas de las que en principio podría aparentar.
A mi me ha gustado. Por momentos el ambiente que sabe crear, esa cúpula en la
que vive en solitario en un mundo de metano perdido en los confines de la
galaxia nuestro protagonista, esa Tierra en el que el dogma religioso o el
dogma científico se reparten el poder, esa realidad que puede no ser tal, esas
vivencias recordadas y vividas en un mundo de sueños.... solo un escritor de la categoría de Phillip K. Dick puede crearlas para
nuestro disfrute.
Pero junto a eso, hay pasajes donde el ritmo se ralentiza, donde la existencia
o no de Dios se hace una pregunta que te obliga a pararte, a rebuscar entre las
palabras que el autor nos propone. Pura discusión teológica, aunque
probablemente los teólogos dirán que es un puro disparate.
VALORACIÓN: 7/10
Esta lectura ha sido posible gracias a Editorial Planeta, que me facilitó este
libro para su lectura y reseña.
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